“El burro dinamitero”

Biziatzen ari naiz!!! Ez nuen datorren ikasturterarte hasi nahi!!!
Errepublika ikasten ari bazarete, Biurteko Beltzean 34ko urriko iraultza ikasiko duzue. Zerbaiten bila ari nintzelarik anekdota hau aurkitu dut:
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EL «BURRO DINAMITERO»

De todos los asturianos —y de muchos españoles— es conocido el episodio, anécdota cruel, acaso estúpida, que hiciera célebre el gran poeta Rafael Alberti. Un autor contemporáneo cuenta así la escena: 

«A alguien, más cruel que luchador, se le ocurrió cargar unos asnos con unos bidones de gasolina y dinamita, prenderles una mecha, darles unos cuantos garrotazos, y enfilarlos rumbo a Campomanes. Los pobres acémilas emprendieron una veloz carrera pero ¡oh misterios del instinto!, al llegar a la bifurcación del camino se fueron todos a trotar hacia Pola de Lena que era donde tenían su pesebre. Al entrar en el pueblo, muy cerca de la iglesia, se produjeron las explosiones. Los daños fueron considerables, el vecindario y la milicianada corrieron de un lado para otro aterrorizados y… de los pobres asnos nunca más se supo» (F. Aguado Sánchez. «La revolución de octubre de 1934» Ed. San Martín. Madrid 1972).

Así se escribe la Historia. Lo malo es que nada hay de cierto en este relato. Lo puedo afirmar por la simple razón… de que fui yo uno de esos «crueles más que luchadores» que han participado en el hecho. He aquí, acaso por primera vez, la verdad escueta: No había varios burros sino un burro. No pudo irse camino de Campomanes, puesto que se le mandó prado abajo, en dirección de las casas de Vega del Rey, a unos metros, entre cien y doscientos, no más, y a partir de Ronzón. En medio del prado, es decir, entre los sitiados y nosotros, se descompuso el pobre asno, que fue abatido por los revolucionarios porque, a mitad del camino, el anirnal se volvió y empezó a subir en dirección de nuestras propias líneas. Entre este lugar y la villa de Pola de Lena hay kilómetros, muchas pendientes, por lo que hubiera sido necesario haberle puesto muchísimos metros de mecha, en previsión de esta huida. Y la que encendimos sobre el pobre acémila tenía solamente unas cuartas.

No se trataba tampoco de bidones de gasolina, sino de pipotes de vino vacíos que habíamos encontrado en la bodega del caserón señorial de Ronzón, en los que habíamos introducido dinamita y cascos de botellas, piedras, etc, algunos de los cuales habían sido lanzados anteriormente, rodando prado abajo, y que hacían un ruido impresionante al estallar ante los muros de las casas, pese a lo cual nadie levantó la bandera blanca de la rendición. Lo que sí creo recordar es el haber visto en la mirada de los testigos y de los actores del hecho cierta tristeza y, acaso también, el rencor por haberse dejado arrastrar por este juego cruel e insensato, aun cuando la víctima fuera un ser irracional…"

 

Gauza interesgarri asko daude orri honetan:

http://www.sbhac.net/Republica/TextosIm/Octubre/Octubre.htm

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